{"id":183,"date":"2007-04-02T17:28:13","date_gmt":"2007-04-02T17:28:13","guid":{"rendered":"https:\/\/viajemalvinas.com.ar\/news\/?p=183"},"modified":"2015-03-26T23:10:43","modified_gmt":"2015-03-26T23:10:43","slug":"el-viejo-pulover-que-un-soldado-argentino-devolvio-a-malvinas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viajemalvinas.com.ar\/news\/el-viejo-pulover-que-un-soldado-argentino-devolvio-a-malvinas\/","title":{"rendered":"El viejo pul\u00f3ver que un soldado argentino devolvi\u00f3 a Malvinas"},"content":{"rendered":"<blockquote>\n<p style=\"text-align: right;\">Diario Clar\u00edn. Art\u00edculo del 2 de abril de 2007<\/p>\n<p>MALVINAS 25 A\u00d1OS DESPUES : HISTORIAS DE LA GUERRA<\/p>\n<p>El viejo pul\u00f3ver que un soldado argentino devolvi\u00f3 a Malvinas<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" class=\" aligncenter\" src=\"http:\/\/www.viajemalvinas.com.ar\/Imagenes\/clarin1.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>Miguel Savage fue a la guerra sin saber usar un arma. Quebrado por el fr\u00edo, tom\u00f3 un pul\u00f3ver de una casa cuyos habitantes kelpers no estaban. El a\u00f1o pasado regres\u00f3, devolvi\u00f3 la prenda y dej\u00f3 una carta.<\/p>\n<p>AQUELLOS RECUERDOS. MIGUEL SAVAGE, EN SU CASA DE VENADO TUERTO, RODEADO DE FOTOS FAMILIARES, CUENTA SU EXPERIENCIA COMO SOLDADO EN MALVINAS.<\/p>\n<p>Mauro Aguilar VENADO TUERTO ENVIADO ESPECIAL<\/p>\n<p>rosario@clarin.com<\/p>\n<p>La vida de Miguel Savage, clase 62, integrante del Regimiento 7 de Infanter\u00eda Mecanizada de La Plata, se confund\u00eda con el infierno en junio de 1982. Estaba cruzado por el fr\u00edo que atraviesa el oto\u00f1o de Malvinas. Con la mirada enturbiada por el hambre capaz de diezmar su cuerpo hasta restarle veinte kilos en apenas dos meses de estad\u00eda en las islas, se recuerda en aquel tiempo como un \u00abesqueleto con casco\u00bb.<\/p>\n<p>A punto de quebrarse, un pul\u00f3ver, una sencilla prenda arrebatada de una estancia kelper, asegura, logr\u00f3 salvarle la vida, abstraerlo de aquel estado de abandono terminal . Savage, quien hoy habita una buc\u00f3lica vivienda en Venado Tuerto, en el sur de Santa Fe, y tiene un comercio de materiales para el agro y la construcci\u00f3n, vivi\u00f3 aferrado a esa conmovedora historia y a ese abrigo durante 24 a\u00f1os.<\/p>\n<p>En febrero de 2006 decidi\u00f3 regresarlo a sus due\u00f1os, en una m\u00e1s de las postales estremecedoras que ofrece la vida de Savage, protagonista de una pel\u00edcula pacifista emitida s\u00f3lo en Europa \u2014\u00bb Con la mano de Dios\u00bb, en referencia al gol de Diego Maradona en M\u00e9xico 86\u2014, amigo entra\u00f1able del pintor kelper James Peck y de su padre Terry, contra el que combati\u00f3 en la cruenta batalla de Monte Longdon, y ac\u00e9rrimo cr\u00edtico de una aventura b\u00e9lica que, considera, \u00abnunca debi\u00f3 ocurrir\u00bb.<\/p>\n<p>Su relato desgarra. El 8 de junio, con un Ej\u00e9rcito argentino cercado por el poder\u00edo ingl\u00e9s, Savage, junto a cuatro compa\u00f1eros y un suboficial, iniciaron una caminata hacia una granja cercana al r\u00edo Murrell. La misi\u00f3n persegu\u00eda el objetivo de desactivar una posible base de operaciones por la v\u00eda pac\u00edfica y, de no ser posible, combatir hasta reducir al enemigo. Soportando fr\u00edos extremos, atravesaron una r\u00eda y sortearon campos minados. Zafaron incluso del fuego del enemigo, que observaba desde lo alto, pero que opt\u00f3 por no atacar para no delatar su posici\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abArrancamos apenas aclar\u00f3, bien temprano. Debe haber sido el d\u00eda m\u00e1s fr\u00edo de Malvinas, con veinte grados bajo cero. Con veinte kilos menos y desesperados, nuestra mente divagaba. No ten\u00edamos conciencia del peligro. Ibamos con un compa\u00f1ero que ten\u00eda un planito donde hab\u00edan puesto las minas. Y a cada rato se rascaba la cabeza y dec\u00eda: &#8216;no me acuerdo si era por ac\u00e1 o por ac\u00e1&#8217;. Fue una caminata extenuante. Habremos tardado m\u00e1s de cinco horas\u00bb, reproduce con precisi\u00f3n cinematogr\u00e1fica.<\/p>\n<p>Su inclusi\u00f3n en el grupo, no sabiendo ni siquiera manejar un arma, ten\u00eda un solo objetivo: oficiar de traductor a partir de su manejo del ingl\u00e9s.<\/p>\n<p>\u00abLlegamos a la casa y los seis nos tiramos cuerpo a tierra, a mirar con largavista. El miedo era terrible. Hab\u00eda ventanitas en la casa y dijimos: &#8216;Se rompe una y nos sacuden con una ametralladora&#8217;. Sab\u00edamos que hab\u00eda peligro. Ingleses o kelpers que nos pod\u00edan tirar. Pero era m\u00e1s la desesperaci\u00f3n de pensar qu\u00e9 pod\u00edamos afanar de comida dentro de la casa, que el miedo. Ese hambre enceguece\u00bb, explica con tono desolador. \u00abNos est\u00e1bamos muriendo. Literalmente nos est\u00e1bamos muriendo\u00bb, insiste para darle la dimensi\u00f3n exacta a aquel momento l\u00edmite.<\/p>\n<p>Esa necesidad lo obligaba a pensar s\u00f3lo en lo b\u00e1sico, sin registrar incluso la estatura del peligro que los acechaba. S\u00f3lo era cuesti\u00f3n de saciar un instinto b\u00e1sico. \u00abSi morimos, morimos, pero primero tenemos que comer\u00bb, se repet\u00edan los integrantes de la misi\u00f3n como intentando darse fuerza entre s\u00ed para superar cualquier obst\u00e1culo.<\/p>\n<p>Luego de una primera inspecci\u00f3n de sus compa\u00f1eros en los alrededores de la granja, el sargento orden\u00f3 a Savage que lo acompa\u00f1ara al interior de la vivienda. Patearon la puerta de la cocina y el soldado irrumpi\u00f3 en la casa gritando en ingl\u00e9s: \u00abSi hay alguien venimos a charlar, no se pongan nerviosos, queremos revisar e irnos\u00bb. Sus palabras sonaban casi a un ruego para que nadie los atacara.<\/p>\n<p>Al ingresar encontr\u00f3 silencio y un desayuno a medio tomar. \u00abLa casa era linda, la sent\u00ed acogedora, como la casa de mi abuela. Hasta los olores eran familiares\u00bb, precisa como si describiera una postal que no se altera con el paso de los a\u00f1os. Subi\u00f3 una escalera con el miedo y la adrenalina apoder\u00e1ndose de su cuerpo. \u00abEl coraz\u00f3n me reventaba el pecho. No me paraba de temblar el cuerpo. Me dieron un FAL cargado, pero no sab\u00eda ni tirar\u00bb, explica Savage, a quien el servicio militar s\u00f3lo hab\u00eda preparado para barrer y cebarle mates a Don Aldo, un jubilado ferroviario encargado del pol\u00edgono, en La Plata. \u00abMi preparaci\u00f3n era comprarle bofe al gato de Don Aldo\u00bb, explicar\u00eda luego a Clar\u00edn entre risas.<\/p>\n<p>Tras comprobar que no hab\u00eda ocupantes en la planta baja de la vivienda, dividi\u00f3 las tareas con su superior. Recorrieron un pasillo en el piso superior y Savage ingres\u00f3 en el cuarto matrimonial. Lo sorprendi\u00f3 una cama doble perfecta, una dependencia con cortinas y una decoraci\u00f3n cuidada que compara con una hoster\u00eda o una estancia de campo.<\/p>\n<p>Al confirmar que el lugar estaba deshabitado, se relaj\u00f3. Autom\u00e1ticamente aflor\u00f3 en \u00e9l un esp\u00edritu de supervivencia. Tras abrir \u00abansiosamente\u00bb los cajones, dio con el pul\u00f3ver salvador. Y cambi\u00f3 su \u00f3ptica sobre los padecimientos que sufr\u00eda. \u00abEra un pul\u00f3ver ingl\u00e9s lind\u00edsimo, con borda azul y cruz. Me lo puse en la nariz y sent\u00ed el olor a limpio, a perfume, a naftalina. Y dije: &#8216;Qu\u00e9 lindo, esto es como estar de vuelta en casa&#8217;. Me saqu\u00e9 la ropa mojada y me puse ese pul\u00f3ver y una bufanda, y un gorro, y medias de lana. Ese momento fue m\u00e1gico\u00bb, explica emocionado.<\/p>\n<p>El relato no tiene pausas: \u00abMe invadi\u00f3 una sensaci\u00f3n de paz, como si estuviera Dios ah\u00ed. En ese momento y como un alma que me hablaba, aunque no escuchaba la voz, sent\u00ed como que alguien estaba ah\u00ed y me dec\u00eda &#8216;quedate tranquilo, ya termina esto, te volv\u00e9s y vas a vivir&#8217;. Una sensaci\u00f3n incre\u00edble. Una enorme sensaci\u00f3n de paz, un calor en el cuerpo\u00bb.<\/p>\n<p>Aquel hallazgo modific\u00f3 su humor. \u00abMe sent\u00ed m\u00e1s fuerte\u00bb, precisa. Rob\u00f3 comida y se aliment\u00f3 con desesperaci\u00f3n. \u00abCom\u00ed tres panes de manteca sola, al hilo, como un perro\u00bb, a\u00f1ade para dar una idea de la desesperaci\u00f3n que atravesaba a aquel grupo de soldados. Del lugar se llev\u00f3 adem\u00e1s cajas de avena, f\u00f3sforos, velas y az\u00facar.<\/p>\n<p>Pero no fue lo \u00fanico que tom\u00f3 de all\u00ed. \u00abMir\u00e1 lo que es la mente humana: agarr\u00e9 fotos. Diecinueve a\u00f1os, en ese estado \u2014vuelve a asombrarse\u2014. Yo hab\u00eda sentido esa experiencia trascendental del pul\u00f3ver y manote\u00e9 fotos de la familia. Dije: &#8216;A este lugar voy a volver alg\u00fan d\u00eda y con esta gente voy a hablar&#8217;. Desde el instante que entr\u00e9 a la casa ten\u00eda esa idea de hacer contacto\u00bb.<\/p>\n<p>Ese momento lleg\u00f3 en febrero de 2006. Luego de un primer encuentro con Sharon Mulkenbuhr, hija del matrimonio que habitaba la estancia Murrell, en febrero del a\u00f1o pasado visit\u00f3 el lugar con la intenci\u00f3n de cerrar ese cap\u00edtulo de su historia.<\/p>\n<p>\u00abCuando iba llegando, el coraz\u00f3n se me sal\u00eda del pecho. Reviv\u00eda escenas de aquel d\u00eda llegando con veinte kilos menos, con el uniforme, con el sargento, con mis compa\u00f1eros. Se me mezclaba el pasado con el presente\u00bb, explica compenetrado con el relato.<\/p>\n<p>En la estancia lo recibi\u00f3 Lisa, hermana de Sharon. El pul\u00f3ver, que por consejo de un amigo se suspend\u00eda enmarcado en una pared de su casa, en Venado Tuerto, volvi\u00f3 entonces a manos de sus antiguos due\u00f1os junto a una nota de pu\u00f1o y letra en la que Miguel expresaba su agradecimiento. Con l\u00e1grimas en los ojos, Lisa reconoci\u00f3 el abrigo de su padre, ya fallecido. \u00abAc\u00e1, en esta casa, sent\u00ed que alguien me protegi\u00f3. Y ven\u00eda a dec\u00edrselos, veinticuatro a\u00f1os despu\u00e9s\u00bb, le dijo a la muchacha sollozando, mientras se desprend\u00eda del preciado objeto.<\/p>\n<p>\u00abEsa casa fue como un salvavidas en el oc\u00e9ano para m\u00ed. Esa casa y ese pul\u00f3ver me salvaron la vida\u00bb, remata con sencillez desgarradora Miguel, ataviado ahora con una remera oscura de algod\u00f3n, en una c\u00e1lida tarde de marzo. Lejos del fr\u00edo, del hambre y de la muerte. Lejos de los horrores de la guerra que cada tanto se adivinan detr\u00e1s de su mirada cristalina.<\/p>\n<p>MAuro Aguilar<\/p>\n<p>Una carta de agradecimiento<\/p>\n<p>El pul\u00f3ver descans\u00f3 en un cuadro hasta el momento de su devoluci\u00f3n acompa\u00f1ado por una carta en la que Savage expresaba sus sentimientos sobre aquella experiencia. El texto que entreg\u00f3 junto al abrigo es \u00e9ste:<\/p>\n<p>\u00abEste pul\u00f3ver me dio abrigo en un momento de tremenda exposici\u00f3n. La temperatura era de -20 C. Estaba mojado y ya hab\u00eda perdido 17 kilos (pesaba 55 kilos). Lo tom\u00e9 \u00abprestado\u00bb de una estancia en las Malvinas, a cinco horas de caminata desde nuestra posici\u00f3n, cerca de Monte Longdon, habiendo cruzado el r\u00edo Murrell. Llegamos hasta all\u00ed con seis soldados integrantes de un operativo. Yo iba como int\u00e9rprete. El objetivo era destruir un equipo de radio que transmit\u00eda a la flota inglesa.<\/p>\n<p>Afortunadamente no hab\u00eda nadie y pudimos revisar, aunque muy nerviosos, todo el lugar. El sitio era lind\u00edsimo, con vista a ondulaciones y entradas del mar. Pens\u00e9 en lo pac\u00edfico del lugar y en lo absurdo de esta guerra. Lo sent\u00ed realmente familiar y fue como revisar la c\u00f3moda de mi abuela.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n lo us\u00e9 (estando) como prisionero a bordo del Camberra, tomando el t\u00e9 con la plana mayor de oficiales de la Task Force, que junto con todos los medios brit\u00e1nicos me &#8216;sometieron&#8217; a una verdadera conferencia de prensa, asombrados como dicen en muchos libros de c\u00f3mo hab\u00edamos logrado sobrevivir a semejante rigor clim\u00e1tico sin suficiente alimento.<\/p>\n<p>Pens\u00e9 devolverlo a sus due\u00f1os, en mi primer visita a las islas, pero un amigo me convenci\u00f3 de que no lo hiciera. &#8216;Este pul\u00f3ver forma m\u00e1s parte de tu historia que la de ellos&#8217;, me dec\u00eda.<\/p>\n<p>En el momento de pon\u00e9rmelo sent\u00ed una enorme paz. Sent\u00ed una energ\u00eda especial, como que alguien de esa casa me dec\u00eda que volver\u00eda con vida, que volver\u00eda a casa y que esta guerra que nunca debi\u00f3 ocurrir se estaba terminando\u00bb.<\/p>\n<p>La guerra en 10 datos<\/p>\n<p>El desembarco de fuerzas argentinas en Malvinas se produjo el 2 de abril de 1982.<\/p>\n<p>La fuerza terrestre, el Ej\u00e9rcito, dispuso de 10.001 hombres.<\/p>\n<p>El Ej\u00e9rcito brit\u00e1nico utiliz\u00f3 desde la salida de sus tropas hasta el fin de la guerra a 10.700 efectivos.<\/p>\n<p>El mayor desembarco de soldados ingleses se produjo en la Bah\u00eda San Carlos.<\/p>\n<p>Los principales enfrentamientos por tierra se registraron en las cercan\u00edas de Puerto Argentino y en la zona de Darwin.<\/p>\n<p>Los combates m\u00e1s sangrientos por el mayor intercambio de fuego se desarrollaron en la zona de Monte Longdon.<\/p>\n<p>Las bajas de cada bando en sus ej\u00e9rcitos (sin contar Armada y Fuerza A\u00e9rea) fueron 195 argentinos y 149 brit\u00e1nicos.<\/p>\n<p>En toda la guerra hubo, adem\u00e1s de los muertos, 1.188 heridos argentinos y 777 heridos brit\u00e1nicos.<\/p>\n<p>Las fuerzas inglesas fueron superiores en pertrechos, armamentos y asistencia log\u00edstica a sus soldados.<\/p>\n<p>La guerra termin\u00f3 el 14 de junio con la rendici\u00f3n del gobernador argentino Mario Benjam\u00edn Men\u00e9ndez.<\/p><\/blockquote>\n\n<div class=\"twitter-share\"><a href=\"https:\/\/twitter.com\/intent\/tweet?via=MiguelSavage62\" class=\"twitter-share-button\">Twittear<\/a><\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Diario Clar\u00edn. 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