{"id":181,"date":"2007-04-02T17:21:30","date_gmt":"2007-04-02T17:21:30","guid":{"rendered":"https:\/\/viajemalvinas.com.ar\/news\/?p=181"},"modified":"2015-02-12T21:58:18","modified_gmt":"2015-02-12T21:58:18","slug":"la-casa-de-john","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viajemalvinas.com.ar\/news\/la-casa-de-john\/","title":{"rendered":"La Casa de John"},"content":{"rendered":"<p class=\"Estilo1\" align=\"right\">Diario Clar\u00edn 2 de abril de 2007<\/p>\n<p class=\"Estilo3\" align=\"justify\"><span class=\"Estilo6\">MALVINAS HOY: LA GUERRA Y LA PAZ <\/span><br \/>\nLa casa de John<\/p>\n<p>Un d\u00eda, John estaba con su hija en la vereda, mirando a los argentinos que marchaban a los montes, cuando ella le pregunt\u00f3: \u00ab\u00bfSon hombres malos?\u00bb \u00abNo\u00bb, dijo John. \u00abSon hombres atrapados en una mala situaci\u00f3n\u00bb. Es lo que John Fowler pensaba entonces y todav\u00eda sostiene. Estaban todos compartiendo una situaci\u00f3n triste e innecesaria.<\/p>\n<p>Con el correr de las horas, sucedi\u00f3 algo extra\u00f1o. Los soldados se perdieron de vista. Puede que ya estuvieran en las afueras, ocupando sus posiciones. Por eso las calles luc\u00edan desiertas. \u00ab\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3?\u00bb, pensaban los residentes. Una legi\u00f3n de soldados que deambulaban con sus equipos pesados, de pronto desaparecieron del pueblo.<\/p>\n<p>El tiempo segu\u00eda firme, no tan bueno, quiz\u00e1, como la primera semana de abril, que hab\u00eda sido grandioso. La broma del d\u00eda era: \u00abComo Dios es argentino ahora s\u00f3lo tendremos buen tiempo\u00bb. Los isle\u00f1os hab\u00edan recibido instrucciones de quedarse adentro, pero muchos sal\u00edan al patio a comerse un asadito.<\/p>\n<p>La ma\u00f1ana del desembarco, por la casa de John, hab\u00edan pasado los buzos t\u00e1cticos arreando a un grupo de prisioneros. Eran los volunteer corps, que calzaban sus antiguos uniformes de rezago, portando efectos y armas en una bandera brit\u00e1nica. Al lado de las tropas argentinas, luc\u00edan como una hinchada menesterosa que ven\u00eda de perder el campeonato. John no se atrevi\u00f3 a sacar una foto, cosa que todav\u00eda lamenta, pues hubiera sido un adecuado recuerdo de aquel oto\u00f1o apacible, cuando parec\u00eda que todo iba a arreglarse, que alguien terminar\u00eda diciendo corten con esta locura.<\/p>\n<p>La invasi\u00f3n los hab\u00eda dejado mudos, porque estaba fuera de todo c\u00e1lculo. Si a algo le tem\u00edan los malvineros era al gobierno brit\u00e1nico, que parec\u00eda resuelto a entregarlos a la Argentina. Durante los \u00faltimos tiempos, no hab\u00edan parado de preguntarse por su destino. De ah\u00ed que la reuni\u00f3n con Rex Hunt los tomara desprevenidos. El gobernador hab\u00eda convocado a los funcionarios y John asisti\u00f3 en su car\u00e1cter de director escolar. Al gobernador le hab\u00edan avisado de Londres que se ven\u00eda un desembarco argentino. Eso fue cuanto dijo. Al d\u00eda siguiente sali\u00f3 agitando una cortina de rendici\u00f3n, enganchada en la punta del paraguas.<\/p>\n<p>Dentro de todo, reconoce ahora John Fowler, refiri\u00e9ndose al desembarco, el trato a los civiles fue bueno. Un jefe de polic\u00eda argentino-irland\u00e9s que empez\u00f3 a matonear a los malvineros, fue despachado al continente. En cuanto a los casos de robo, se trat\u00f3 de incursiones a casas abandonadas de soldados que buscaban provisiones o asaltaban un gallinero. Por su parte, los malvineros se compadecieron m\u00e1s de una vez de los argentinos que ped\u00edan comida por las casas. Los sabotajes nunca fueron sanguinarios. Cada tanto aparec\u00eda una l\u00ednea telef\u00f3nica cortada o alg\u00fan recluta aterrado por las f\u00e1bulas de los gurkas. Un especialista en el g\u00e9nero era un tal Eric. \u00ab\u00bfSabes c\u00f3mo descubre uno si hay gurkas?\u00bb, dicen que preguntaba. \u00abSi al despertarte sacudes la cabeza y \u00e9sta rueda por el suelo, es que anduvieron los gurkas\u00bb. Pero en Darwin como en Goose Green, las relaciones con los argentinos fueron muy tormentosas.<\/p>\n<p>Todo abril fue tranquilo. Por momentos parec\u00eda un desembarco de Peter Sellers. Hubo corralito bancario, pero tambi\u00e9n se fijaron compensaciones por cada gallina abatida o ventana destrozada. Si alguien deseaba salir de la casa deb\u00eda colgar un pa\u00f1uelo blanco, as\u00ed fuera para orinar en el ba\u00f1ito del patio. La radio argentina inform\u00f3 que a partir de entonces, todo el mundo manejar\u00eda por la derecha. Sin embargo, el farero local se las arreglaba para transmitir por radio a Inglaterra lo que le daba la gana. Mientras tanto, en las narices del gobernador argentino, los ovejeros hac\u00edan caravanas nocturnas con sus tractores y camionetas, transportando el material de los paracaidistas brit\u00e1nicos.<\/p>\n<p>El primero de mayo ya estaban ah\u00ed. Fue a la ma\u00f1ana temprano. Los Fowler ten\u00edan un bebito de d\u00edas y John estaba en el living, intentando avivar el fuego, cuando sinti\u00f3 que explotaba la estufa. Era un Vulcan llegado desde Ascensi\u00f3n que bombardeaba el aeropuerto. La onda entr\u00f3 por la chimenea y lo tir\u00f3 en la alfombra. M\u00e1s tarde pasaron algunos jeeps con soldados malheridos, mientras brotaban columnas de humo rumbo al aeropuerto. Entonces empezaron a perder las esperanzas. Con este ataque a\u00e9reo y el hundimiento del Belgrano, era visible que hab\u00eda pasado la hora de las palabras.<\/p>\n<p>Luego del toque de queda los Fowler deb\u00edan quedarse en casa con las ventanas cubiertas, desde el crep\u00fasculo hasta la ma\u00f1ana siguiente. Pronto recibir\u00edan algunos hu\u00e9spedes, cuando los Harrier empezaron a atacar el otro lado del pueblo y la zona se volvi\u00f3 peligrosa. La casa de John pertenec\u00eda al gobierno y era s\u00f3lida y espaciosa. Estaba considerada como una casa segura.<\/p>\n<p>Entre los refugiados lleg\u00f3 Mary Goodwin, una t\u00edpica anciana del campo, muy popular entre los cient\u00edficos que recalaban en las Malvinas camino a la Ant\u00e1rtida y paraban en su hoster\u00eda. Para John fue una gran noticia, pues horneaba pan a diario, cocinaba de primera y siempre estaba contando alguna historia incre\u00edble. Junto con Mary lleg\u00f3 su hijo, un ex marinero al que le faltaba una pierna.<\/p>\n<p>Otra refugiada fue Doreen Bonner, la mujer m\u00e1s dulce del mundo, que hab\u00eda consagrado su vida a cuidar de su hija discapacitada. Cheryl estaba en la cama desde que ten\u00edan memoria, no pod\u00eda comer por s\u00ed sola y tampoco dec\u00eda palabra. Solamente sonre\u00eda, sobre todo a su mam\u00e1. A los dieciocho parec\u00eda una nena de cuatro.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n lleg\u00f3 Susan Whitley, profesora de arte y econom\u00eda dom\u00e9stica, la esposa de su amigo Steve. En pocas semanas m\u00e1s, las tres estar\u00edan muertas. En cierto modo, dir\u00eda John, el destino de Susan estuvo signado por su rabia frente a la guerra, pues cuando todo el mundo estaba lanz\u00e1ndose cuerpo a tierra, ella dec\u00eda \u00abNo pienso tirarme al suelo\u00bb. En otras oportunidades hab\u00eda dicho cosas as\u00ed y bueno, a\u00fan estaba de pie cuando la derrib\u00f3 la explosi\u00f3n. Ten\u00eda veintisiete a\u00f1os.<\/p>\n<p>Pero durante las primeras semanas de aquel oto\u00f1o templado, nadie nombraba a la muerte. El mundo de John se hab\u00eda reducido a su hogar y al trayecto que mediaba entre la casa y lo de un amigo, propietario de una de las tres videocaseteras que hab\u00eda en Stanley. John ten\u00eda consigo la video del colegio, as\u00ed que el paseo con Rachel para buscar alguna pel\u00edcula, se convirti\u00f3 en la salida obligada. Generalmente volv\u00edan r\u00e1pido, pues John ten\u00eda el presentimiento de que algo suceder\u00eda en su ausencia.<\/p>\n<p>En mayo pas\u00f3 algo horrible. Estaba jugando con Rachel en el jard\u00edn cuando un avi\u00f3n de combate surgi\u00f3 de los montes, volando a baja velocidad, meciendo tristemente las alas, tan cerca de tierra que se ve\u00eda al piloto. Las tropas de una colina cercana empezaron a tirarle. A juzgar por la balacera, parec\u00eda un aparato brit\u00e1nico. Es f\u00e1cil imaginar la desesperaci\u00f3n del piloto al verse en aquel infierno, hasta que un cohete lo hizo saltar en pedazos. John no pod\u00eda creerlo. Ah\u00ed, desde el patio de su casa, asist\u00edan al espect\u00e1culo de un grupo de seres humanos que cazaban a otro como una rata. Rachel, que s\u00f3lo ten\u00eda tres a\u00f1os, entr\u00f3 a la casa despavorida. A partir de entonces cambi\u00f3. Aquella nena segura y alegre se volvi\u00f3 introvertida y asustadiza. Probablemente sus depresiones futuras tendr\u00edan mucho que ver con su experiencia de aquella tarde.<\/p>\n<p>John se hab\u00eda quedado con dudas sobre la identidad del avi\u00f3n, as\u00ed que pas\u00f3 por la escuela para buscar en la biblioteca un libro de aviones del mundo. Descubri\u00f3 que se trataba de un Mirage argentino, derribado por error. Luego ley\u00f3 en la gaceta argentina que conminaban a identificar bien los aviones.<\/p>\n<p>La noche del ca\u00f1onazo, John estaba con los ni\u00f1os en el refugio. Se enfureci\u00f3 al descubrir que Ver\u00f3nica no estaba con ellos. Su mujer detestaba el bunker, siempre oscuro y hostil.<\/p>\n<p>Lo pr\u00f3ximo que escuch\u00f3 fue la voz de su mujer, gritando que hab\u00eda un incendio. Sinti\u00f3 que Steve le dec\u00eda \u00abmujer est\u00fapida, no es un incendio\u00bb. John salt\u00f3 de alegr\u00eda. Ambos se hab\u00edan salvado. Pero entonces lleg\u00f3 Ver\u00f3nica a decirle que Doreen estaba mal. Cuando John entr\u00f3 al dormitorio, a\u00fan yac\u00eda en el suelo. Lo primero que distingui\u00f3 fueron sus lentes cubiertos de polvo, una imagen que lo seguir\u00e1 mientras viva. John presinti\u00f3 que Doreen estaba muerta; de lo contrario, no se hubiera quedado tan quieta con los anteojos as\u00ed. Hay otros detalles que John no piensa contar, que van a quedar con \u00e9l mientras viva. Steve le pidi\u00f3 que lo ayudara a levantar a Susan mientras clamaba por un espejito, pero era obvio que su esposa ya tampoco respiraba. Mientras tanto Mary estaba a los gritos, malherida y en estado de shock, preguntando si su hijo hab\u00eda sobrevivido al ca\u00f1onazo.<\/p>\n<p>Fue la pen\u00faltima noche de guerra. Sucedi\u00f3 de madrugada. Poco antes hab\u00edan tenido un aviso. Un proyectil cay\u00f3 en el jard\u00edn, pero John ni se enter\u00f3 pues estaba durmiendo en el bunker que hab\u00eda armado en el comedor. Todav\u00eda tiene muy claro lo que pas\u00f3 aquella noche. Cuando Steve fue a contarle lo sucedido, John decidi\u00f3 levantarse y se reunieron en la cocina con los dem\u00e1s, a tomar una taza de t\u00e9. La cocina daba hacia el mar, de modo que John la consideraba un lugar peligroso. Hab\u00edan pasado muchas noches oyendo los ca\u00f1onazos que volaban sobre la casa, as\u00ed que logr\u00f3 convencer a sus hu\u00e9spedes de que se movieran al centro. La artiller\u00eda empezaba a las once. Al amparo de las sombras, los barcos se acercaban sigilosamente a la costa, sin la amenaza de los aviones. Se o\u00eda un \u00a1pop! desde el mar y luego llegaba un silbido y a continuaci\u00f3n el chasquido lejano del impacto. A la artiller\u00eda de la flota brit\u00e1nica le dec\u00edan picasesos.<\/p>\n<p>El impacto fue sobre el techo. M\u00e1s bien explot\u00f3 en el aire. John hab\u00eda vuelto a su bunker a dar un vistazo a los ni\u00f1os. Los dem\u00e1s estaban con Mary. El proyectil se anunci\u00f3 con un s\u00f3rdido zumbido, como si su destino estuviera cantado y jam\u00e1s terminara de llegar. Doreen se abraz\u00f3 a Ver\u00f3nica Fowler, temblando como una hoja. Luego retumb\u00f3 el estallido y la casa qued\u00f3 a oscuras. Hubo un ruido a lluvia met\u00e1lica, como un chaparr\u00f3n de verano. Era el tanque de agua. Cuando se disip\u00f3 la nube de polvo, Doreen segu\u00eda abrazada a Ver\u00f3nica. \u00c9sta le pregunt\u00f3 c\u00f3mo estaba. Doreen no dijo palabra. Una esquirla le hab\u00eda rebanado la columna.<\/p>\n<p>Sue, por su parte, muri\u00f3 con la taza en la mano. Estaba en la puerta mirando hacia la cocina y recibi\u00f3 de lleno la onda expansiva. Mary muri\u00f3 dos d\u00edas despu\u00e9s, del estr\u00e9s y las heridas.<\/p>\n<p>Si cada uno hubiera permanecido en su habitaci\u00f3n, las cosas habr\u00edan sido distintas. Pero se hab\u00edan refugiado en el cuarto de Mary, culpa del proyectil que hab\u00eda dado contra el jard\u00edn. Primero se hab\u00edan quedado un rato en la cocina comentando el episodio, hasta que John se puso nervioso y los conmin\u00f3 a pasar al cuarto de Mary,\u00a0supuestamente el m\u00e1s seguro. John se la pasaba estudiando los \u00e1ngulos de disparo y la ubicaci\u00f3n de los cuartos. Esta obsesi\u00f3n molestaba a Ver\u00f3nica, porque su esposo apilaba panes de turba y cajas con libros contra las ventanas, lo cual convert\u00eda la casa en algo caluroso y oscuro.<\/p>\n<p>Ver\u00f3nica lig\u00f3 unos cuantos astillazos, pero mantuvo la calma a pesar de todo. Aquella misma noche fueron al hospital, donde a John le sacaron las esquirlas de la pierna. Acomodaron a los ni\u00f1os en la sala de partos y se instalaron con su mujer en un cuarto. Llevaban un rato acostados cuando John le sugiri\u00f3 que se metieran debajo, as\u00ed que se pasaron dos noches durmiendo bajo la cama. Luego lleg\u00f3 otra pareja. El esposo era un marine jubilado y la pasaba muy mal. A cada disparo pegaba un brinco y gritaba \u00ab\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3? \u00bfFue de nosotros? \u00bfDe d\u00f3nde vino?\u00bb En cuanto a John, aquella sala desprotegida removi\u00f3 todos sus miedos. Otra vez empez\u00f3 a amontonar cosas en las ventanas y a pegar cintas sobre los vidrios.<\/p>\n<p>Dejaron pronto el hospital, pues Ver\u00f3nica hab\u00eda encontrado una casa desocupada. En un rinc\u00f3n del jard\u00edn hab\u00eda un artefacto que no llam\u00f3 su atenci\u00f3n. Rachel tampoco le hizo caso mientras jugaba. Un d\u00eda vino un amigo con un cachorro que la oli\u00f3 con displicencia. Entonces a John se le ocurri\u00f3 preguntarle<br \/>\na un soldado que pasaba: \u00ab\u00bfUsted sabe qu\u00e9 es eso?\u00bb El soldado mir\u00f3 la cosa y se puso p\u00e1lido. \u00abSalgamos ya mismo de aqu\u00ed\u00bb le dijo tom\u00e1ndolo por el brazo. Era una bomba beluga, de las que llueven como racimos, sensibles a la luz y al calor, siempre listas a reventar. Vino gente a retirarla y debieron dejar su nueva vivienda. Cayeron al hospital otra vez y entonces Ver\u00f3nica perdi\u00f3 la compostura, como si el vaso se hubiera colmado, gritando que estaba harta de todo y en especial de la guerra. Fue una catarsis maravillosa, porque luego andaba hecha una seda.<\/p>\n<p>El estruendo de aquel ca\u00f1onazo persigui\u00f3 a John varios a\u00f1os. Una noche tuvo un sue\u00f1o muy v\u00edvido. So\u00f1\u00f3 que la historia se repet\u00eda, s\u00f3lo que ahora dorm\u00edan junto a enormes ventanales que \u00e9l no hab\u00eda alcanzado a tapar. De pronto, desde el oc\u00e9ano, llegaba el escalofriante zumbido. Entonces se aferraba a la cama a esperar el Apocalipsis, todo por culpa suya, por haber descuidado las ventanas. Al despertar estaba empapado.<\/p>\n<p>Tal vez lo so\u00f1\u00f3 en Inglaterra. Hab\u00edan regresado ah\u00ed dos a\u00f1os despu\u00e9s de la guerra. John quer\u00eda compartir con sus viejos el tiempo que les quedaba. Su madre, en cierto modo, hab\u00eda sido otra v\u00edctima de la explosi\u00f3n. La radio argentina hab\u00eda dicho que \u00e9l muri\u00f3 en el ataque y que su esposa qued\u00f3 malherida. Esa noticia lleg\u00f3 a Inglaterra y sus padres la hab\u00edan pasado mal. De hecho, su madre muri\u00f3 poco despu\u00e9s de su vuelta.<\/p>\n<p>La partida de las Malvinas no hab\u00eda sido sencilla. John ya iba por los cuarenta y odiaba la idea de jubilarse en su tediosa oficina. As\u00ed que volvieron a Gran Breta\u00f1a y luego pasaron dos a\u00f1os en el Pac\u00edfico, trabajando de maestros en las islas Gilbert. M\u00e1s adelante compraron un hotelito en Escocia. John disfrutaba esa vida, pero a Ver\u00f3nica se le hac\u00eda dif\u00edcil porque su madre ten\u00eda Alzheimer y estaba viviendo con ellos. Era duro repartirse entre el hotel y su madre. Ella no dorm\u00eda de noche y pod\u00edan escucharla revolviendo papeles y buscando cosas. De pronto se les aparec\u00eda en la pieza para avisarles que eran las cuatro de la ma\u00f1ana y ofrecerles una taza de t\u00e9. Un buen d\u00eda se present\u00f3 la oportunidad de volver a las Malvinas para seguir ense\u00f1ando. Los chicos estaban entusiasmados, pues apenas ten\u00edan memoria de su vida en Sudam\u00e9rica.<\/p>\n<p>La aventura del hotel escoc\u00e9s fue uno de los tantos sue\u00f1os rom\u00e1nticos amasados por los Fowler. A la gente de aquella islita no pareci\u00f3 molestarle que el forastero fuera un ingl\u00e9s. Ven\u00eda de las Malvinas y entre isle\u00f1os se entend\u00edan. Adem\u00e1s, su esposa era tambi\u00e9n escocesa, hija de ingl\u00e9s e irlandesa. A los ni\u00f1os les vino bien, pues la educaci\u00f3n primaria en Escocia es superior a la inglesa.<\/p>\n<p>Fueron a\u00f1os dichosos de trabajo duro. Hab\u00edan tomado de chef a la antigua due\u00f1a, hasta que Ver\u00f3nica empez\u00f3 a cocinar y John se convirti\u00f3 en su ayudante y al final termin\u00f3 como cocinero y ella tom\u00f3 las riendas de la clientela.<\/p>\n<p>John y Ver\u00f3nica han pasado a\u00f1os en las Malvinas. No son ingleses ni escoceses del todo. Son inmigrantes. Lo mejor, les parece hoy, ser\u00eda pasar los veranos ac\u00e1 y los inviernos al otro lado del mundo. Aunque ahora est\u00e1n separados, compraron una casita en Portugal, cerca de la frontera con Vigo, un perfecto para\u00edso que siempre abandonan para volver a sus islas. A\u00f1oran eso de saludarse con todo el mundo y juntarse con los amigos a tomar un vinito chileno. John extra\u00f1a tambi\u00e9n sus excursiones a Buenos Aires, para ver todo el teatro posible y perderse entre la multitud de Florida.<\/p>\n<p>Cuando estaba en el internado le gustaba agarrar la moto y salir en busca de truchas o gansos para el almuerzo. El ganso es delicioso si uno sabe prepararlo, a horno lento y con salsa de manzanas. Ni siquiera deb\u00eda limpiarlos, porque siempre hab\u00eda una nube de ni\u00f1os dispuestos a hacerse cargo. Con las truchas era lo mismo. Para alguien como John, era una experiencia m\u00e1gica con algo de primitivo, eso de salir de cacer\u00eda y volver con comida para todos.<\/p>\n<p>El internado en Goose Green parec\u00eda salido de una<br \/>\nnovela de Dickens, sin hablar del director, que manten\u00eda a rajatabla el derecho de los alumnos mayores a fajar a los peque\u00f1itos. Para los Fowler, la sola idea de convivir con el monstruo se hab\u00eda vuelto intolerable, as\u00ed que plantearon sus exigencias: se iba \u00e9l o se iban ellos. El siniestro director termin\u00f3 con el semestre. El internado resultar\u00eda destruido en la batalla de Goose Green. Todav\u00eda est\u00e1 el tobog\u00e1n de hierro donde los argentinos pusieron la cohetera de un Pucar\u00e1. Los<br \/>\npupilos eran hijos de granjeros, cuando la mitad de la gente viv\u00eda en el campo. Los Fowler hab\u00edan ca\u00eddo ah\u00ed por casualidad. Con su esposa andaban buscando trabajo, tal vez en Uganda o en Kenia, cuando vieron un aviso donde ped\u00edan una pareja para trabajar de maestros en un internado de las Malvinas.<\/p>\n<p>Los Fowler ya llevan cinco a\u00f1os sin volver a Inglaterra. Ver\u00f3nica sigue ense\u00f1ando literatura en el colegio. La casa a\u00fan existe. John volvi\u00f3 a verla hace poco, a instancias de un periodista. Le cost\u00f3 entrar otra vez, pero eso ahuyent\u00f3 sus fantasmas. La se\u00f1ora que vive ah\u00ed cuida ni\u00f1os y hay juguetes por todas partes.<\/p>\n<p>Volviendo a la noche del ca\u00f1onazo. John nunca lleg\u00f3 a imaginarse que la muerte vendr\u00eda del cielo. Hab\u00eda estado esperando m\u00e1s bien una suerte de combate callejero. Pero esto no sucedi\u00f3. En cambio le reventaron el techo. Los minutos que siguieron al estallido fueron a\u00fan m\u00e1s dif\u00edciles, porque todos esperaban que siguiera el bombardeo. John no cesaba de repetirse \u00abqu\u00e9 est\u00fapidos, por qu\u00e9 nos quedamos\u00bb. Hasta la llegada de los ingleses a\u00fan hab\u00eda sido posible salir de la isla. Muchos decidieron partir, lo cual sonaba muy razonable. Pero los Fowler esperaban un beb\u00e9 e ignoraban adem\u00e1s si luego podr\u00edan volver. Amaban este lugar. Ten\u00edan tantos amigos que marcharse sonaba a traici\u00f3n. Pero eso pasa a segundo plano cuando has recibido un ca\u00f1onazo en el tanque de agua. Y si no result\u00f3 mucho peor fue gracias al profesionalismo del hombre que estaba en la otra costa reglando el fuego de artiller\u00eda. Cuando vio que algo andaba mal, orden\u00f3 detener la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Era el capit\u00e1n Hugh McManners, infiltrado en las l\u00edneas argentinas. Se pasaba el d\u00eda tirado en la paja brava, sin moverse en lo m\u00e1s m\u00ednimo. De noche se apostaba en un pozo a dirigir el fuego naval. Contaba con una buena vista del pueblo. A trav\u00e9s de los binoculares nocturnos, se divisaba la casa de John. M\u00e1s all\u00e1 se adivinaba la silueta de Monte Longdon.<\/p>\n<p>Hace poco volvi\u00f3 a las islas. Hizo contacto con John y fueron a comer al Malvinas House. Luc\u00eda muy perturbado y a\u00fan luchaba con sus fantasmas. A juicio de John, no es m\u00e1s culpable que la computadora que provoc\u00f3 el desastre. Otros dicen, sin embargo, que el barco no hab\u00eda tirado sobre los montes sino contra una casa vecina con soldados argentinos. Por eso algunos lo llaman El Carnicero. Mc Manners no se ha quejado. Proclama a los cuatro vientos que \u00e9l mat\u00f3 a esas mujeres. John piensa, por el contrario, que merece una medalla. Que de no detener el fuego, todos estar\u00edan muertos.<\/p>\n<p>A pesar de todo, John recuerda esos d\u00edas con a\u00f1oranza. Su mundo se hab\u00eda reducido al m\u00ednimo. Uno pod\u00eda pasar la noche entre extra\u00f1os que lo cuidaban. Mucha gente se hab\u00eda marchado y sus casas hab\u00edan cambiado de manos. De pronto alguien llegaba diciendo \u00aben el congelador tengo patos\u00bb o \u00abencontr\u00e9 estas truchas divinas\u00bb, as\u00ed que com\u00edan de lo mejor. La guerra estableci\u00f3 fuertes v\u00ednculos entre personas que antes apenas se saludaban.<\/p>\n<p>Entre disparo y disparo, en la oscuridad de la casa, sus ocupantes charlaban a media voz sobre el curso de la guerra. \u00abNuestras tropas est\u00e1n avanzando, qu\u00e9 bueno\u00bb \u00bfQu\u00e9 bueno? Ahora se acercaba lo peor y John hubiera querido hallarse lejos. Estar del lado enemigo, cuando la propia tropa se viene encima, pod\u00eda ser el infierno. La invasi\u00f3n los hab\u00eda asustado menos que la posible liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Fue extra\u00f1o tambi\u00e9n estar del lado argentino y ver a los conscriptos hambreados y sentir simpat\u00eda por ellos. Eran sentimientos confusos.<\/p>\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s del ataque a la casa, volvi\u00f3 a reinar el silencio. Pero pronto ten\u00edan a todos congregados en Stanley, brit\u00e1nicos y argentinos. Los servicios colapsaron. Los Fowler, con un beb\u00e9 de dos meses, la pasaban peor todav\u00eda. La ciudad era una inmundicia y tampoco ayudaba el clima. Todo estaba cubierto de hielo y de nieve congelada. Era peligroso andar por la calle y los veh\u00edculos derrapaban por pendientes resbalosas. Es lo que John recuerda del \u00faltimo d\u00eda de guerra.<\/p>\n<p>Mezclados con los ingleses, el jefe de las fuerzas terrestres platicaba con el almirante. Este \u00faltimo le pregunt\u00f3 si no ten\u00eda temor de encontrarse en el paso de aquella turba de sudamericanos armados que bajaban de los montes con cara de pocos amigos. \u00abNi lo pienses\u00bb dijo el comandante. \u00abCuando un ej\u00e9rcito se rinde, sus hombres quedan con la moral por el suelo\u00bb. El almirante le mostr\u00f3 un cuerpo de infanter\u00eda que marchaba marcialmente, como si fuera a un desfile. A su juicio, no parec\u00edan desmoralizados en absoluto. Sin embargo, nadie intent\u00f3 asesinarlos. Los ingleses tampoco asesinaron a nadie. En un rapto de lucidez, el mando brit\u00e1nico s\u00f3lo dej\u00f3 en Puerto Argentino a tropas que no hubieran entrado en combate. Eso evit\u00f3 la venganza. Pero en Monte Longdon, en cambio, hubo ejecuciones de prisioneros.<\/p>\n<p>Los Fowler volvieron a las Malvinas a diez a\u00f1os del desembarco y compraron una casita con vista al mar. Un d\u00eda John se estaba afeitando cuando vio algo por el espejo. Noventa barcos asi\u00e1ticos permanec\u00edan fondeados, a la espera de sus licencias de pesca. Sus altavoces propagaban \u00f3rdenes en coreano y de noche pon\u00edan luces tan fuertes que se pod\u00eda leer afuera. Las tripulaciones asi\u00e1ticas hoy pertenecen al mundo abominable que circunda las Malvinas. Hay que estar desesperado para trabajar a bordo de aquellos barcos que van hacia el Sur detr\u00e1s de los calamares y sobrepasan incluso Los Cuarenta Bramadores. A bordo puede ocurrir cualquier cosa. Entonces cobra m\u00e1s vigencia que nunca el viejo dicho: \u00abDebajo de los Cuarenta no hay ley. Debajo de los Cincuenta no hay Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Una vez desembarcaron a un chino acusado de haber matado a otro tripulante, pero como no hab\u00eda testigos ni pod\u00edan deportarlo, se qued\u00f3 a vivir en las Malvinas. Empez\u00f3 a trabajar como sastre y luego pavimentando las calles y se cans\u00f3 de ganar plata. Todo el mundo le dec\u00eda Tommy the Murder. Se lo ve\u00eda feliz, eso que no ten\u00eda papeles ni identidad, pues para un tripulante asi\u00e1tico es preferible ser nadie antes que volver a bordo. Un d\u00eda, Tommy volvi\u00f3 a China y hoy vive como un magnate. No ser\u00eda dif\u00edcil, dicen algunos, que tambi\u00e9n haya estado en la droga. Cuando escucha estos rumores, Sue Becket resopla despreciativa. Es una empleada de Falkland Island que cobij\u00f3 al chino en su casa, as\u00ed que debe saber lo que dice. \u00abTommy era un chico abusado que no hizo nada de lo que dicen. Pero este pueblo es un infierno de chismes\u00bb.<\/p>\n<p>El barco se llamaba Avenger. Fue el que mat\u00f3 a las mujeres. Como todas las noches, hab\u00eda estado batiendo Monte Longdon, una de las posiciones que rodeaban a Stanley. Al amanecer empez\u00f3 a retirarse, junto con el Glamorgan, que hab\u00eda estado tirando sobre Tumbledown. Entonces, desde la costa, lleg\u00f3 el \u00faltimo Exocet. Los argentinos, con un acoplado viejo, hab\u00edan improvisado una rampa de lanzamiento ITB (Instalaci\u00f3n de Tiro Berreta). Estaba sobre el camino que iba al aeropuerto. Lo armaban al caer la tarde y esperaban toda la noche por si alg\u00fan buque pasaba ante la l\u00ednea de tiro. Con las primeras luces<br \/>\nlo desarmaban y lo cubr\u00edan con lonas, para que los malvineros no revelaran su posici\u00f3n. As\u00ed lo hicieron sin resultado a lo largo de muchas noches, hasta que la madrugada en cuesti\u00f3n, los buques en retirada cruzaron la l\u00ednea de riesgo. El Avenger logr\u00f3 eludirlo, pero el misil le peg\u00f3 al Glamorgan, matando a catorce tripulantes. Entre los cuerpos que horas despu\u00e9s recibieron sepultura en el mar estaba el teniente David Tinker, de a\u00f1os, cr\u00edtico implacable de la sanguinaria respuesta brit\u00e1nica, que hab\u00eda solicitado la baja mucho antes de la guerra y, sin embargo, se hab\u00eda visto forzado a marchar a las Malvinas. A su padre s\u00f3lo le qued\u00f3 el consuelo de publicar un libro con sus poemas.<\/p>\n<p>Al otro d\u00eda termin\u00f3 la guerra. Por la noche empez\u00f3 el invierno. Los barcos mostraban las huellas del duro castigo de los aviones. En las islas segu\u00eda nevando. Un hurac\u00e1n proveniente del Polo soplaba a doscientos kil\u00f3metros por hora. La sensaci\u00f3n t\u00e9rmica lleg\u00f3 a veinte grados bajo cero. El jefe de la flota brit\u00e1nica dijo que, comparado con eso, el invierno helado de Escocia equival\u00eda a Hawai en primavera.<\/p>\n<p>John supone que, desde entonces, el clima no ha mejorado. En su \u00e9poca del internado en Goose Green, los d\u00edas eran m\u00e1s secos y no se viv\u00eda bajo un perpetuo cielo gris\u00e1ceo y era lindo pasear por parajes como las tierras altas de Escocia. Este verano, por el contrario, ha sido uno de los peores que se recuerden y el viento sobre los viejos campos de guerra sopl\u00f3 con m\u00e1s furia que nunca.<\/p>\n<p>Hace poco, John estuvo con uno de los soldados que andaban robando comida. Se trataba de Miguel Savage, que hoy vive en Venado Tuerto. Una noche, junto con seis argentinos, hab\u00eda bajado de Longdon. Luego de cruzar el r\u00edo Murrell, llegaron a una granja vac\u00eda. Revolvieron el lugar y Miguel se llev\u00f3 un pul\u00f3ver. Sinti\u00f3 pena por sus due\u00f1os, pues la casa ol\u00eda igual que la suya y \u00e9l ard\u00eda en deseos de quedarse. Pens\u00f3 en la paz del lugar y en lo insensato de todo. Cuando John lo conoci\u00f3, muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde, Miguel hab\u00eda vuelto a las islas para devolver el pul\u00f3ver.<\/p>\n\n<div class=\"twitter-share\"><a href=\"https:\/\/twitter.com\/intent\/tweet?via=MiguelSavage62\" class=\"twitter-share-button\">Twittear<\/a><\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Diario Clar\u00edn 2 de abril de 2007 MALVINAS HOY: LA GUERRA Y LA PAZ La casa de John Un d\u00eda, John estaba con su hija en la vereda, mirando a los argentinos que marchaban a los montes, cuando ella le pregunt\u00f3: \u00ab\u00bfSon hombres malos?\u00bb \u00abNo\u00bb, dijo John. \u00abSon hombres atrapados en una mala situaci\u00f3n\u00bb. Es [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[31,6],"tags":[],"class_list":["post-181","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-prensa","category-prensa-espanol"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p5uvK8-2V","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack-related-posts":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/viajemalvinas.com.ar\/news\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/181","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/viajemalvinas.com.ar\/news\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/viajemalvinas.com.ar\/news\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/viajemalvinas.com.ar\/news\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/viajemalvinas.com.ar\/news\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=181"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/viajemalvinas.com.ar\/news\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/181\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":189,"href":"https:\/\/viajemalvinas.com.ar\/news\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/181\/revisions\/189"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/viajemalvinas.com.ar\/news\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=181"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/viajemalvinas.com.ar\/news\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=181"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/viajemalvinas.com.ar\/news\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=181"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}